viernes, 4 de diciembre de 2015
sábado, 28 de noviembre de 2015
lunes, 9 de noviembre de 2015
martes, 3 de noviembre de 2015
miércoles, 21 de octubre de 2015
domingo, 19 de julio de 2015
miércoles, 17 de junio de 2015
miércoles, 13 de mayo de 2015
CDC Danzart: Programación Jueves de Danza
CDC Danzart: Programación Jueves de Danza: Jueves de Danza: Pina: El Documental
jueves, 26 de marzo de 2015
viernes, 27 de febrero de 2015
Beneficios de consumir avena

Gracias a la gran cantidad de aminoácidos que contiene, estimula la producción de lecitina en el hígado, favoreciendo la depuración de toxinas del organismo. Consumir avena es bueno para limpiar las paredes de las arterias, ya que la fibra va limpiando los depósitos de grasa que se van acumulando en ellas y que puede generar problemas cardíacos como la acumulación de colesterol.
Ayuda a controlar los niveles de azúcar en la sangre:
Al añadir avena a la dieta, mejora la digestión del almidón y mantener estables el nivel de glicemia, sobre todo después de comer.
Mejora la digestión:
Si tienes problemas cuando almuerzas o cenas, la avena contribuye a reducir los ácidos biliares, facilitando a su vez el tránsito intestinal y evitando el estreñimiento. A ser rica en hidratos de carbono de absorción lenta, mantienen la sensación de saciedad por más horas, siendo una buena alternativa para los que están haciendo dieta.
Tiene proteínas de gran valor:
En total son ocho los aminoácidos esenciales de la avena, lo que la convierten en una fuente de proteínas de gran valor biológico. Esta cualidad permite formar tejidos nuevos en el cuerpo.
Propiedades anticancerígena:
Esto se debe a los fitoquímicos que contiene. Se aconseja entonces consumir avena todos los días, para reducir en más del 10% la posibilidad de padecer cáncer de mama o de colon.
Beneficiosa para el corazón:
La razón es la gran cantidad de ácidos omega 3 y linoleicos, conocidos como “grasas buenas”, que ayudan a reducir el colesterol malo (LDL), favoreciendo las actividades en el corazón y en el cerebro.
Ayuda al sistema nervioso central:
Gracias a las vitaminas del complejo B que contiene la avena, desarrolla, mantiene y equilibra el funcionamiento del sistema nervioso.
Previene los problemas de tiroides:
Sobre todo el hipotiroidismo, al contener yodo, un mineral que ayuda a que ésta glándula funcione de manera correcta.
Previene la osteoporosis:
Debido a que cuenta con los niveles de calcio necesarios para una buena salud ósea, evitando la desmineralización.
Ayuda a bajar de peso:
Para ello, se debe consumir en ayunas o con el desayuno, junto a leche desnatada o de soja, zumo de naranja o frutos secos.
Aporta energía:
Es una de las mejores fuentes de energía que existen, por lo que se recomienda consumir a primera hora de la mañana o antes del mediodía, sobre todo para aquellos que trabajan muchas horas fuera de casa o tienen que estudiar para un examen.

Las propiedades de la avena no se aprovechan sólo al ingerirla. También se puede usar de manera tópica (externa) para una rutina estética. Por ejemplo, mezclada con crema hidratante se convierte en un exfoliante para el rostro realmente maravilloso y es mucho más económico que cualquier otro tratamiento de belleza.
Cómo consumir la avena:
Estas son las mejores formas de añadir un maravilloso cereal como es la avena en nuestra dieta diaria:
Leche de avena:
Deja reposar unas dos cucharadas de avena en un vaso de agua durante 6-8 horas. Pasar por la minipimer unos minutos y luego colar.
Se puede endulzar y añadir canela o vainilla.
Batido de avena:
Añade en la licuadora una manzana, un plátano, una pera, leche o yogur, junto a algunas cucharadas de avena y mezclar bien. Esta deliciosa bebida se puede consumir en cualquier momento del día para que tu cuerpo se sienta más saludable. Endulza con azúcar si es necesario.
Panqueques o crepes:
Puede ser salado o dulce, según tus preferencias. Se hace con un poco de avena y leche, y luego se puede rellenar con vegetales y especias, con mermeladas y dulces, etc.
Pan de avena:
Es un pan integral realmente delicioso, puedes añadirle canela y nuez moscada y no olvides de colocar levadura para que crezca en el horno. También le puedes colocar pasas de uva, semillas, nueces, chocolate, etc.
Galletas de avena:
Son una excelente opción para la merienda, hay variedades con coco, almendras o nueces.
Ingrediente de ensaladas:
Pica cebolla, tomate, patatas hervidas, pepino, lechuga, ralla zanahorias, lo que se te ocurra y por último, el toque especial: la avena, que debe estar hervida (si deseas con sal), por 25 minutos, colada y enjuagada con agua fría.
Para empanar vegetales o carnes:
En lugar de usar pan rallado o harina, puedes utilizar la avena para hacer milanesas de berenjena o zapallo, de pollo, de pescado, de carne, etc.
En el desayuno:
Es lo más popular. La avena se coloca cruda en copos sobre la leche o el yogur, algunos lo hacen directamente en el zumo de naranja. Te ayudará a evitar el estreñimiento y a su vez, te brindará mucha energía para todo el día.
Fuente: Mejorconsalud.com
Cristina Pérez. Nutricionista
martes, 24 de febrero de 2015
EL CUERPO Y LA DANZA DE IMAGO DANZA CONTEMPORANEA

IMAGO Danza Contemporánea: Compañía de danza que existió en la ciudad de Medellín (Colombia) entre los años 2004-2009. El repertorio sobre el cual se realizó este artículo consta de dos piezas tituladas “El signo de la Sierpe” y “Del olor de tu silencio”. |
El siguiente texto es la adaptación de una ponencia para la cátedra
‘Luis Antonio Restrepo’ con tema ‘Otras miradas sobre el cuerpo’.
Universidad Nacional de Colombia, 2008.
Suele decirse o pensarse que entre el cuerpo y la danza hay una
relación especial; que la danza es una actividad humana que resalta y
amplifica la existencia de esa realidad que entendemos como cuerpo; que
éste es para la danza algo fundamental y determinante; se le llama
incluso ‘materia prima’, ‘fuente de inspiración’, ‘herramienta’ o
‘instrumento’, entre otras cosas.
Se
cree también que el conocimiento y dominio del ‘cuerpo’ hacen parte del
arte de un bailarín y que por lo tanto existe una riqueza particular en
lo que éste ha pensado, sentido o experimentado en relación con aquel,
durante ese proceso largo y continuo de su observación, su percepción,
su comprensión y trabajo, o como decimos en danza, de su ‘escucha’.
¿Qué será el cuerpo para IMAGO? ¿Cómo será la danza que IMAGO define y propone como un producto artístico?
Para
acercarme a una respuesta de esta pregunta citaré algunos testimonios
de sus bailarines y nombraré algunas categorías que son familiares en el
universo de la danza. Esto con el ánimo de comparar, poner en
perspectiva o pensar más cómodamente cómo es ese cuerpo y cómo es esa
danza a los cuales quiero referirme.
Digo
cómo es ese cuerpo, porque recordemos, para empezar, que creemos a
veces que ‘el cuerpo’ es algo que reconocemos como un hecho real,
definido y concreto. Suponemos que cuerpo es una palabra que todos
comprendemos y asociamos de manera común a una misma realidad, también
comunitaria. Parecería que si le preguntásemos a un bailarín por su
cuerpo, la existencia de éste sería algo tan obvio que no habría duda
alguna de que éste sabría a qué nos referimos… y viceversa.
Pero
sabemos que ‘cuerpo’ es una palabra o concepto, es decir un conjunto de
representaciones imaginarias, combinadas, escogidas, aprendidas u otros,
a la que pueden atribuírsele una infinidad de variaciones semánticas.
Aunque
parezca un poco evidente, quisiera recordar que lo mismo sucede con la
categoría ‘danza’. No sólo existen en nuestro sistema lingüístico
estrategias para diferenciar unas danzas de las otras, como por ejemplo
decir ‘Danza Clásica’ o ‘Danza Clásica Occidental’, ‘Danza Moderna’,
‘Danza Contemporánea’, ‘Danza Folclórica’, ‘Danzas Urbanas’, ‘Baile’,
‘Bailes de salón’, ‘Danza Postmoderna’, ‘Nueva Danza’, ‘Danza de
expresión’, ‘Danza artística’, ‘Danza Ritual’, ‘Danza Barroca’, ‘Ballet
Romántico’, ‘Ballet Moderno’, ‘Ballet Neoclásico’, etc., sino que para
cada una de estas categorías existen una gran variedad de
interpretaciones propias de cada bailarín y de cada estética de la
danza.
Ímago nos dice que su danza es ‘contemporánea’. ¿Cómo será
esa ‘contemporaneidad’ de su danza? ¿Cómo será el cuerpo que encarna,
crea, da forma y vida a esa danza ‘contemporánea’?
No creo que
este último apelativo sea un enigma sólo para los no instruidos en lo
que concierne al ámbito de la danza. Formas de danza ‘contemporánea’ ha
habido muchas a lo largo del siglo XX, antes y después de que el
historiador Georges Arout publicó su obra “La danza contemporánea” en
Paris, en 1955. En ese entonces, “el autor pretendía hacer una historia
del arte de su época, evocando el trabajo de los creadores de su tiempo.
Su objetivo era describir las ‘tendencias contemporáneas’”1. Es decir,
contemporáneas a él mismo. ‘Contemporáneas’ en un sentido usual de la
palabra, o sea “existente al mismo tiempo que otra persona o cosa, o
relativo al tiempo o época actual”2.
Esa ‘contemporaneidad’ en la
historia de Arout concernía a la danza desde principios del siglo XX e
incluía un ‘ballet moderno’ y una ‘danza moderna’ que tenían como
referentes principales a los Ballets Rusos de Diaghilev y a Isadora
Duncan, respectivamente.
‘Contemporánea’ no era entonces aún una
categoría específica para clasificar una modalidad o estilo de danza.
Tampoco lo era cuando en 1980 aparece otra publicación, también en
París, con el mismo título “La danza contemporánea”, en la cual John
Franklin Koenig realiza una crónica (sobre un período de treinta años a
partir de 1948), en la cual incluye y agrupa todo tipo de estilos y
técnicas variadas de la actualidad de ese entonces de la escena
parisina.
Parece ser que no es hasta finales de la década de los
años ochenta, que una dimensión de categorización se atisba en el empleo
de esta expresión, aunque el fenómeno de la danza contemporánea ya se
reconocía casi desde mitad del siglo. En la publicación de autores
varios titulada “La danza en desafío”, se expresa un acuerdo de su
empleo para referirse exclusivamente a coreógrafos u obras
pertenecientes al campo de la llamada ‘danza moderna’ o sus
prolongaciones. No sobra decir que para estos historiadores y críticos,
la categoría ‘danza contemporánea’ no se refería exactamente al mismo
período de tiempo, ni a los mismos representantes. Pero ya se aceptaba
la filiación, aunque en vías de consolidación, de la llamada danza
moderna con la danza contemporánea.
Cuenta la historia que la
polémica categoría, se convierte progresivamente en una reivindicación
de los propios actores de la danza antes de ser ratificada, a diferencia
de lo que sucedió con el apelativo ‘danza moderna’. Lo moderno en arte,
era un mito reconocido que inundaba el contexto de vida de los
precursores de ésa danza. Para los ‘contemporáneos’, por el contrario,
su identidad existía como una certeza propia, al margen de los
dictámenes de la crítica. Empezando por este hecho, entre otras cosas,
se hace evidente que la ‘danza moderna’ y la ‘danza contemporánea’ no
fueron equivalentes en un momento de la historia. Sin embargo, estas
dos modalidades de danza han sido frecuentemente emparentadas con mayor
énfasis que otras por la cantidad de elementos comunes que las
constituyen.
La danza de Imago sería entonces, según aquel
consenso de finales de la década de los años ochenta, una danza que
tendría elementos cercanos o propios de la llamada ‘danza moderna’.
Revisando los testimonios de sus bailarines, parece que una de esas
similitudes sería la de tener un cuerpo parecido al cuerpo del que
hablaban Rudolph Laban (1879 – 1958) o Mary Wigman (1886 – 1973).
![]() |
Photos taken from the book "La danse au XXe siècle". Ginot, I. and Michel, M. Larousse, 2002.
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Rudolph
Laban y Mary Wigman, reconocidos como dos de los precursores y maestros
principales de la corriente moderna en danza, no dejaban de señalar que
el ‘cuerpo’, más que un simple instrumento, era un “terreno de
descubrimientos en el cual sería posible una experiencia, siempre nueva”
3. Ese cuerpo sería el receptáculo de una memoria cinética, la cual
habría que descubrir o encontrar en él mismo, extrayendo el movimiento,
su forma, contenido y calidad desde su ‘interior’. La danza, en este
caso, sería como una especie de saber revelado, no por un maestro
externo o por una tradición académica, sino por el cuerpo mismo, o por
‘uno mismo’ como también podríamos decir.
Esto dice al respecto uno de los bailarines de Ímago:
“… no busco más sino en la gran verdad de mi mismo…”
“… más que entender, es buscar las posibilidades que este cuerpo me da y buscar más en él, o aprender de él…”
“… ¿cuál cuerpo? el que siento el que veo el que vivo…”
“Móvil o inmóvil el cuerpo es lo que yo siento y vivo, reconocerlo o
desconocerlo, ese será el reto del ser humano, conocer realmente su
cuerpo y aceptar que se tiene como es…”
Dice otro de ellos:
“Lo
que realmente me interesa del movimiento es el movimiento que se oculta
bajo la piel… Ese movimiento que es el origen, el fin y la transición
de la Danza”.
“IMAGO trabaja desde una filosofía que
explora la imagen poética del cuerpo tratando de hallar intuiciones para
crear, educar y poder concebir nuestros propios cuerpos… Por ahora en
lo personal solo me interesa hablar del cuerpo que soy…”
“Al
cuerpo lo exploro buscando un movimiento orgánico, gestado en cualquier
lugar, sea en un centro energético, o una articulación. Estudio cómo
la energía del cuerpo se consume y se renueva en su espacio íntimo
“articulaciones, músculos…”, para luego proyectarse en el espacio
transformándose en movimiento expresivo…”
“La
Improvisación y el ‘Contact Dance’ ( o danza de contacto) son técnicas
fundamentales para la exploración de los ritmos, las calidades,
cualidades, tonalidades del músculo y del movimiento, para encontrar un
cuerpo libre, espontáneo, sin ataduras técnicas, buscando interpretarme a
mi mismo sin imponerme estructuras mentales.”
“Acá está el origen de mi Danza: en la búsqueda de un movimiento que me identifique.”
“…las
emociones son el origen de muchos de mis actos. El arte de la Danza es
uno de estos actos… empiezo a buscar desde allí cómo interpretarme,
reinventarme, como dice Pessoa ‘ser mi propio maestro’…”
Un Tercer testimonio es el siguiente:
La
danza de Imago es “…búsqueda de movimiento propio, extendido,
difundido, expresivo…” “Este cuerpo…cuando baila, procura mostrarse tal y
como es, despojarse en el escenario por un instante de este conjunto de
"cosas" para transformarse.... desde lo que es.”
Vemos
entonces que se trata de una danza que nace de una ‘escucha’,
observación, exploración o experimentación con un cuerpo que parece ya
tener un potencial de danza dentro de sí. Es decir, el movimiento surge
del cuerpo mismo y no viene, al contrario, de ‘otro’ o de otro lugar,
que podría ser por ejemplo una tradición académica, o ‘otro’ cuerpo
como por ejemplo el de un profesor de danza.
Estos bailarines
hablan de ‘buscar’ en el cuerpo, ‘aprender’ de él, aceptarlo como es,
dejarlo ser libre y espontáneo, descubrir el movimiento que se encuentra
bajo la piel, descubrir la gran verdad de uno mismo, hablar del cuerpo
que se es y no de otro que se desea o hacia el que se tiende,
improvisar.
Improvisar y no repetir un modelo o un código. He
ahí uno de los ideales emblemáticos del sistema moderno en danza,
elemento fundamental de la formación del bailarín y herramienta básica
para la creación, desde los balanceos aéreos de Isadora Duncan (1878 –
1927) hasta las acrobacias conceptuales de nuestros días.
Los
bailarines de Imago han dicho “…encontrar un cuerpo libre, espontáneo”.
Transformar la intuición y la emoción en expresión. ¿Tendría su danza
entonces una dosis de espontaneidad como aquella que preconizaba
Isadora, bailarina moderna por excelencia?
Emoción e intuición
liberadas, transformadas en movimiento expresivo. He aquí otro de los
componentes principales de la danza moderna en el momento de su
nacimiento. François Delsarte desde finales del s. XIX difundía ya sus
teorías acerca de la relación entre el movimiento y la emoción,
abriendo con ello un amplio campo gestual nuevo de movilidad del torso
que no tenía la danza clásica de la época. Isadora Duncan preconizaba
aquella ‘espontaneidad’ ya mencionada (la cual no debería ser confundida
con una ausencia de trabajo o rigor). Mary Wigman se preocupaba por una
danza nacida del deseo irresistible de la expresión, que extraería sus
fuentes del alma humana más que de formas preestablecidas.
Hallar
la danza ‘en el interior’ e improvisar: dos aspectos acerca de los
cuales algunas corrientes de danza moderna se han posicionado
radicalmente en oposición a las modalidades de danza clásica o ‘ballet’,
para las cuales el cuerpo, en principio, no sabe bailar. Por esto se le
moldea, ‘enseñándole’ formas de movimiento predeterminadas. Así, el
bailarín de ballet pasa años enteros de su vida memorizando una serie de
códigos exteriores a sí mismo, para, llegado el momento, reproducirlos
de la manera más fiel posible.
Con frecuencia y de forma ligera,
se asocia a este modo ‘clásico - occidental’ de bailar o de ‘aprender’ a
bailar, la noción aparentemente tan común y reducida de un cuerpo
“anatómico único y permanente, que funciona según las simples leyes
biomecánicas”4. Un cuerpo del cual, además, sólo apreciamos y valoramos
su superficie, tratando de hacerla coincidir con algún estereotipo
estético, sin importar la realidad sensible o anímica que se halla
detrás de esa imagen visual bidimensional, casi fotográfica, televisiva,
incluso virtual.
Digo que esta definición se asocia a la danza
clásica de manera ligera, pues la cuestión del cuerpo clásico en danza
es, por supuesto, heterogénea cuando se observan de cerca las prácticas
de los representantes del mundo del ballet, sobre todo a partir del
siglo XX. Sylvie Guillem por ejemplo, tal vez una de las estrellas
vivas y activas más brillantes de la tradición clásica académica
francesa, practica la improvisación. Wilfride Piollet, ex bailarina
estrella de la Ópera de Paris, enseña hoy en día una danza clásica a
partir de imágenes y sensaciones cinéticas, en lugar de utilizar el
acostumbrado método de repetición de unas mismas series de movimientos.
La
idea de ese cuerpo clásico, anatómico y modelable desde el exterior, es
entonces también un mito del registro de la conversación ligera, en el
sentido de que no toda la danza clásica, o no siempre, ésta funciona
según las determinantes de ese modelo de cuerpo. Pero es cierto sin
embargo que de él se derivan las prácticas de una danza llamada por
algunos ‘aprendida’ o ‘imitativa’, para la cual el cuerpo es un
instrumento que ejecuta formas preestablecidas y durante la cual una
parte importante de la experiencia sensible o emocional del bailarín no
es solicitada. Esa danza suele además ejecutar gestos relativamente
conocidos o ‘convencionales’. El espectador puede tal vez predecirlos,
reconocerlos, sentirse cómodo frente a ellos y de algún modo
‘comprenderlos’. La danza de Ímago por el contrario, al ser una danza
‘encontrada o descubierta’, propondría formas y contenidos aún no vistos
o tal vez olvidados, sorpresivos e inesperados, quizás incómodos para
algunas ‘miradas’, incluso caprichosos.
Hemos visto entonces que
nociones como la de la invención de una gestualidad propia y la de la
liberación de códigos convencionales que aprisionarían el cuerpo,
consideradas como algunas de las bases más esenciales de la modernidad
de la danza, hacen parte de lo que Ímago llama su ‘danza contemporánea’.
De nuevo estará bien notar que estos asuntos, así como las cuestiones
acerca de la expresión de sentimientos y la puesta en duda de una danza
virtuosa inexpresiva, puramente acrobática, también han sido parte de
las inquietudes de representantes de la tradición de la danza clásica.
Jean Georges Noverre, por ejemplo, en pleno siglo XVIII francés,
militaba por una danza que él llamaba “de acción”, llena de expresión de
sentimientos y de pasiones.
Y ya que hemos señalado que la
historia de la danza clásica está permeada por elementos considerados
propios de la modernidad, podríamos señalar en donde, tal vez, la
‘modernidad’ o la ‘contemporaneidad’ de la danza de Ímago a su vez es
permeada por lo que reconocemos como elementos de lo ‘clásico’. Si
atendemos a las imágenes de sus espectáculos, yo diría que esa danza, si
expresa, lo hace por momentos, también, de manera bastante acrobática.
Acrobática en el sentido de que expone un despliegue de habilidades
físicas inusuales, como esas enormes flexiones y extensiones de los
miembros del cuerpo, grandes saltos, difíciles coordinaciones entre
gesto, ritmo y velocidad, equilibrios precisos, etc.
Los mismos bailarines de la compañía lo afirman:
“El
cuerpo de IMAGO, es un cuerpo entrenado, presto para saltar a la
escena… es un cuerpo valorado por lo que sabe hacer con la danza, es un
cuerpo que se pregunta por la belleza y la limpieza técnica de un salto,
de un giro. . .”
“…El estudio y la investigación del
cuerpo en todas sus funciones estéticas y humanas incluyendo la técnica y
las capacidades físicas….construirme como un cuerpo para la Danza, un
elemento escénico. Un cuerpo para la Danza es un cuerpo tanto física
como intelectualmente entrenado…”
“cuando salimos a escena, es el cuerpo que está preparado para la danza, me siento así…”
Se
trata entonces, de un cuerpo entrenado y virtuoso en sus habilidades
físicas, el cual no ha sido una condición indispensable para algunos de
los representantes de la danza ‘contemporánea’, como aquellos del grupo
de la Iglesia “Judson” en Norteamérica. Pero este cuerpo es entrenado de
una manera particular, pues se prepara para una danza en la que el
bailarín se expresa, además de con un cierto virtuosismo, según dicen
ellos, con libertad. ¿Sería contradictorio decir que un cuerpo
disciplinado y entrenado es un cuerpo libre? Digo esto porque puede
pensarse que una disciplina y un rigor serían incompatibles con la
improvisación y la espontaneidad. ¿De qué tipo de improvisación se
trata entonces?
Podríamos recordar que en el universo del ballet
también se habla de una ‘libertad’, obtenida gracias al entrenamiento
técnico. Se trata en ese caso, expresándolo de una manera bastante
reducida, de una posibilidad de ejecutar movimientos que, sin un
entrenamiento previo, no serían realizables para el bailarín.
En
el caso de Ímago, parece que estamos frente a la danza de un cuerpo
moldeado gracias a una preparación física ardua, a la manera de lo que
se asocia a los métodos de la danza clásica, pero que también es
entrenado mental y emocionalmente para la búsqueda de formas de
movimiento que ese mismo cuerpo propone. Nos encontramos entonces ante
un método ecléctico que nos acercaría a comprender por qué la danza de
Ímago sería ‘contemporánea’ y no tal vez ‘moderna’, contemporánea y no
‘clásica’. “La danza de Imago sería contemporánea por seleccionar y
tomar prestadas las técnicas que alimentan sus prácticas, tanto de las
corrientes modernas como de las clásicas, occidentales, orientales,
folclóricas, etc., sin necesariamente nombrarlas o sentirse atada a las
exigencias que éstas presuponen”5 .
También suele identificarse a
la danza contemporánea por “mantener un diálogo sostenido con otras
disciplinas artísticas, particularmente las artes plásticas o incluso la
arquitectura, el teatro, el circo, el cine, y otros”6 y por ser el
“lugar de aparición de una forma teatral nueva y autónoma donde sucede
una profusión de estilos y medios de expresión diversos ”7. Esto podemos
ejemplificarlo con la producción artística del grupo, en la cual se
observa la construcción de una visualidad que se sirve no sólo del
movimiento danzado, sino también de la presencia de objetos esculturales
en las escenografías o de videos durante los espectáculos. Imago se
define incluso de esa manera en su folleto promocional diciendo:
“Imago D.C. es un grupo interdisciplinario de artistas… es una construcción de relaciones con otros lenguajes estéticos…”
Otro
aspecto importante que se asocia a la danza contemporánea según la
crítica y teórica francesa Laurence Louppe, es el de que más que adherir
a una serie de valores estéticos, esta danza sostiene una serie de
valores éticos. Según ella, “la danza contemporánea nunca se ha
mostrado realmente como un proyecto artístico homogéneo en lo que
concierne a las formas. En realidad, y es allí donde su poética roza
otros territorios del pensamiento y del juicio, la danza contemporánea
siempre ha sostenido ‘valores’8”, entre los cuales estarían por ejemplo
la autenticidad personal, el respeto por el cuerpo del otro, el
principio de la no arrogancia, la exigencia de una solución ‘justa’ y no
simplemente espectacular, entre otros.
A este respecto, podríamos escuchar los siguientes ejemplos. Dice una de las bailarinas de Imago:
“…los cuerpos IMAGINENSES son opuestos, pero los unifica el respeto, la pasión, la entrega de vivir en y para la danza…”
Dice otro de ellos:
“…es
el entendimiento y el conocer tanto al otro en ese espacio, lo que
hace que podamos crear una danza del sentido corporal del otro, como
digo, con lineamientos pero no son forzados, por que el movimiento de
Imago es libre; es cada bailarín y cada bailarina en escena buscando
un sentido común, un contar, un vivir.”
Cada bailarín
buscando un sentido común, un contar, un vivir. Se trata de cada sujeto,
de cada cuerpo, como hemos dicho, pero también en relación. En relación
con los otros cuerpos y con el entorno, construyendo un lenguaje
coreográfico del presente, sirviéndose de temas actuales y cotidianos.
Se trata también de un aquí y un ahora, como ellos bien dicen
‘contemporáneo’, que reconoce su realidad más próxima y se inventa y
metamorfosea a partir de sí mismo en esa interacción, a su vez
inseparable de una historia.
Otros de sus testimonios es el siguiente:
“Me
interesa hablar del cuerpo que soy, del cuerpo que me rodea. Eso
propongo en ÍMAGO; seguir indagando los cuerpos urbanos, tradicionales,
ancestrales y contemporáneos de nuestra sociedad para ayudarnos a
encontrar un lugar…”
“Este cuerpo también alberga la historia, la historia de mi familia.”
“…hablar
del cuerpo de IMAGO es hablar de un cuerpo en construcción… es un
constante forjarse desde el imaginario y la creatividad… Es un cuerpo en
transformación.”
“es materialización del pensamiento. Es
un todo contenido en un pedazo de forma que siente la presencia del
ser, íntegro, con su historia, sentimientos, pensamientos, carne,
digestión, pasiones.... es un mundo desde el cual vive la relación con
su alrededor.”
Vemos entonces que este cuerpo de Imago, o de
sus bailarines, se parece tal vez más a la corporeidad, que también
desde el universo de la danza ha definido Michel Bernard a nuestra
manera. No sería entonces un ‘cuerpo’ sino una ‘corporeidad’: una
“materia modulable, red sensorial, pulsátil e imaginaria, inseparable de
una historia individual y colectiva.”9
Valores, cuerpos,
corporeidades, técnicas de preparación y de creación. ¿Qué podríamos
decir de la estética de la propuesta artística de Ímago?
Lo
primero sería tal vez señalar que esta danza ecléctica, considera
también al cuerpo como en su momento lo haría Oskar Schlemmer.
Para
Oskar Schlemmer (otro de los ‘modernos’), y para Ímago, el ‘cuerpo’
puede ser también una entidad abstracta, un conglomerado de materia con
forma, cuyo movimiento se presta a la creación, cual barro u otro
material, y que es el instrumento de las proyecciones espaciales del
arte visual. Este sería un cuerpo cercano a aquel que define la
geometría: objeto material en que pueden apreciarse las tres dimensiones
principales: longitud, latitud y profundidad, y en este caso, cualquier
característica visual o volumétrica susceptible de ser manipulada en
función de la creación artística.
Acercándose a Schlemmer, aunque
en la propuesta artística con un resultado bastante diferente del de él,
uno de estos bailarines dice:
“Me interesa cómo se transforma
el cuerpo, reinventando su imagen en el espacio y se hace propuesta
estética, objeto… escenográfico…”
“El arte me permite
volver objeto al sujeto en una coreografía, aprovechar su arquitectura y
emocionalidad para construir un concepto estético-escénico que llamo
cuerpo materia.”
Ímago se preocupa entonces también por esa
visualidad o proyección estética resultante. Ese cuerpo sensible,
explorable, moldeable y virtuoso proyecta una imagen y busca construir
una forma, que además intenta consolidarse. Uno de ellos dice:
“…buscamos procurarle a la propuesta identidad estética”.
Estética
e identidad. Seguimos señalando aspectos de la ‘contemporaneidad’ de
Imago enraizados en el mito o las doctrinas modernas de la danza. Marta
Graham (1894 – 1991) por ejemplo, llamada gran maestra de la danza
moderna, buscaba también una identidad, no sólo del sujeto, sino de la
danza misma.
En
Marta Graham existía una necesidad de bailar a la ‘Americana’, antes
que a la ‘Europea’. En México, en Cuba e incluso en Colombia, con otras
circunstancias históricas a lo largo del siglo XX, los bailarines
inventaron danzas con identidades nacionales. En el caso de Ímago sin
embargo, se trata, según dicen, de una identidad estética.
No por
esto dejaría de ser ésta una actitud moderna, ya que recordemos que por
definiciones de la crítica, desde los años cuarenta del siglo XX en
Norteamérica, lo moderno en arte tendería a ajustarse cada vez más a su
propio terreno de competencias. Es decir que la finalidad estética y no
política, religiosa, social u otra, sería otro elemento más de
modernidad y contemporaneidad de la danza de Ímago. Sin embargo,
pareciera haber una contradicción en esa idea de ‘cuerpo de la
experiencia siempre nueva’ con la adhesión a alguna identidad. ¿No
estaría esto último convirtiendo la danza de Ímago en una danza clásica,
en el sentido de que al hallar una identidad y establecerse en ella, el
grupo estaría realizando la paradoja de estatizar esa ‘experiencia
siempre nueva’ que propone el cuerpo indagado y explorado? ¿Será esta
paradoja un elemento de su ‘contemporaneidad’?
Veamos algunos aspectos formales que podríamos resaltar de esa estética que Ímago busca, construye y reconstruye.
Para
empezar, “Del olor de tu Silencio” y “El signo de la Sierpe” tienen un
formato de espectáculo convencional para teatro ‘a la italiana’ (aunque
se incluyan imágenes audiovisuales de danza en espacios urbanos). A la
italiana en el sentido de que la escena es un poliedro rectangular, que
se orienta de atrás hacia adelante con una frontalidad, en la que se
hallan los espectadores. Es decir que en principio, la danza de Ímago se
proyecta visualmente en una sola dirección y es propuesta para ser
vista desde ése ángulo para el cual se crea. Como ejemplo de contraste
podríamos recordar las danzas populares, folclóricas o rurales,
postmodernas o contemporáneas también, en las que no hay una sola
mirada, o un ángulo principal que codifica ‘la mirada’ del espectador y
los bailarines evolucionan en un espacio geométricamente indefinido, que
no suele ser un teatro, y en el cual las orientaciones son determinadas
por una pareja o por el simple libre albedrío de la fiesta.
Luego,
podríamos decir que la propuesta combina, como ya habíamos mencionado
antes, diferentes lenguajes artísticos. Así es como presenciamos una
escenografía con objetos y materiales con los cuales interactúan los
bailarines, o proyecciones audiovisuales que se tejen con las imágenes
reales sobre la escena. La luz es utilizada para crear nuevos límites y
formas espaciales en su interior. Recursos teatrales como la voz, música
electrónica rítmica a alto volumen y efectos sonoros llenan el espacio y
acompañan la danza. Los títulos de las piezas se sirven de una poesía
metafórica que sugiere imágenes, pero que evita toda forma de figuración
o ilustración del contenido de la obra. Los cuerpos van cubiertos por
un vestuario informal, semi ajustado, sin zapatos, en el que se observa
un juego de similitudes y contrastes en la repetición de atuendos.
En
cuanto al movimiento, que es tal vez el asunto que más concierne a la
danza, yo diría que Ímago propone en estos dos fragmentos de sus obras,
un material coreográfico principalmente veloz con cortos momentos de
contraste rítmico lento. El espacio escénico es atravesado, como
diríamos en danza gracias a Rudolph Laban, por los tres niveles: es
decir, los bailarines se mueven tanto de pie, como por el suelo, como
por todo el volumen espacial intermedio entre estos últimos. A su vez,
el rectángulo de la escena es transitado en su totalidad, ya sea por
grandes desplazamientos o gracias a un juego de unísonos y contrapuntos
visuales, creados por solos, dúos, tríos y cuartetos de los bailarines.
Junto
a movimientos digamos ‘abstractos’, vemos la utilización momentánea de
códigos gestuales cotidianos como el de una discusión con las manos. Una
expresividad facial en general plana o muy sutil, es coloreada por
tiempos explosivos a veces de risa, sorpresa u otras formas
convencionales de la emotividad. El flujo del movimiento se siente
principalmente liberado y la imagen corporal muestra una organización
postural de coordinaciones precisas en la que un uso eficaz del peso
del cuerpo colorea el movimiento de una sensación de soltura y fluidez.
De nuevo como diríamos en danza, se percibe la sensación del ‘movimiento
a partir del hueso’; pero también se percibe el ‘movimiento a partir
del músculo’ en momentos de mayor contención y expresión de fuerza.
La
relación entre los bailarines se construye tanto a distancia, a través
de la mirada, como con contacto: contacto de la piel, juego teatral con
el cuerpo del otro, traslado de impulsos y pesos, dos o más cuerpos
siguiendo el flujo del movimiento como si fueran uno solo.
Para
terminar, ya que he mencionado que este ‘cuerpo’ de Ímago está más
cercano a la noción de ‘corporeidad’, lo que lo traslada a un registro
de complejidad tal vez mucho más amplio, quisiera también mencionar, que
lo que Ímago hace podría también pensarse no como una ‘danza’ sino como
una forma de la ‘experiencia vital’. Una de sus bailarinas dice:
“Mi
cuerpo es un cuerpo… que, siento, no podría sobrevivir sin el
movimiento; él me lo pide, me lo reclama… y cuando hablo de movimiento
es tan simple como por ejemplo: vivir una brisa, un roce corporal con un
otro, un parar un taxi, un extender de manos para saludar, un dormir,
una meditación o en contemplación, una espera.”
Se trata
entonces de una calidad de movimiento particular, y lo repito, no de una
forma o de una figura. “Esta ‘danza’ no tendría sentido si no se
atuviese a esa calidad de movimiento y a la coherencia de lo que ese
movimiento modifica o transforma en la corporeidad entera, incluyendo su
vida, su historia, toda su riqueza. Desde esta perspectiva, cualquier
movimiento, ya sea de danza clásica, cotidiano, acrobático o expresivo,
podrán ser más ‘contemporáneos’ a la manera de Ímago, que algún otro
movimiento codificado como ‘contemporáneo’. Por lo tanto un solo
movimiento de la mano, una sola inclinación del torso, una única
rotación, una marcha, son dignas de convertirse en danza, si ponen en
juego la totalidad de esa corporeidad y su postura, si son el fruto de
una experiencia propia y verdadera.”10
Aquella misma bailarina me decía al preguntarle yo lo que era la danza:
“La danza, la danza, la danza… déjame la bailo y te lo respondo.”
Parece
que no nos cansaremos de repetir, y digo ‘nos’ cansaremos, pues me
solidarizo con muchas de las certezas que expresan los bailarines de
Ímago, que la danza ‘contemporánea’ es además de un producto artístico,
una experiencia vital del aquí y el ahora, irreductible a las palabras,
comprendida en la vivencia del gesto, del salto, de la marcha, de la
expresión propia.
Como diría Rudolph Laban:
“Solo la danza puede hablar de la danza”.
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